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Wall Street revive con dichos de la Reserva Federal (pero la data tendrá la última palabra)

06 de Marzo de 2023 | FED Tasas Wall Street

No está muerto quien pelea, pero Wall Street combatía extenuado contra las sogas. Sin embargo, revivió como el mejor gracias a los dichos de la Fed. En concreto, escuchar la palabra de Raphael Bostic, presidente de la Fed de Atlanta, bastó para sanarla. O, al menos, en las apariencias.

La Bolsa saltó como un resorte cuando el funcionario regional manifestó que seguía militando “firme” en el bando de quienes defienden una suba de tasas de “solo” un cuarto de punto en la próxima reunión de la institución, los días 21 y 22. El S&P500, que ya había horadado la media de 50 ruedas y hacía equilibrio precario en la de 200, trepó 0,76% el jueves y 1,61% el viernes. Ejecutó así una reversión notable en una instancia crítica.

Wall Street se recuperó aunque siguen la suba de tasas

¿La caballería de la Fed viene de nuevo al rescate? No. La saga de la suba de tasas continúa. Ese destino no se discute. Lo que se debate es el calibre del incremento: un cuarto de punto o medio. La cuestión estaba resuelta en enero. El banco central ya había elegido un sendero de subas de tamaño mínimo, el paso previo para hacer luego mutis por el foro, pero la exuberancia inesperada de la economía real y la inflación forzó un replanteo. Otros presidentes de distrito, como James Bullard y Loretta Mester, se ocuparon de recordar su prédica a favor de un ajuste de medio punto. Derrotados en la última reunión por la evidencia del aterrizaje suave de los precios y la actividad, el recalentamiento no previsto de esas mismas variables –ocurrido en enero pero detectado recién el mes pasado– los devolvió a la palestra.
La economía creó más de medio millón de puestos de trabajo netos. La tasa de desocupación se hundió a su menor nivel desde 1969. La inflación trepó 0,6% según la medición favorita del banco central (y la mitad de la canasta de consumo registró aumentos de esa magnitud o superiores). ¿Aterrizaje suave? La data de enero canceló el carreteo en pista. Es la postal de una rotunda aceleración y un despegue vertical. Que lo explique un halcón como el gobernador Waller tan tenaz como sorprendido. La data echó por tierra, “mi visión en enero de que estábamos haciendo significativos avances en la moderación de la actividad y la reducción de la inflación”. Wall Street también lo percibió así. Y su optimismo avasallante de enero se hizo añicos a puro golpe de indicadores robustos.
La firmeza de Bostic en mantener la estrategia inyectó confianza a los inversores. Señaló que la Fed tiene que asegurar la reducción irrevocable de la inflación y con ese propósito disponer una suba de un cuarto de punto este mes y otra en mayo, y luego dejar las tasas cortas sin cambios en 5,25% por un largo período, al menos hasta 2024. Lo que no dijo– que haya que perder la compostura y redoblar la apuesta – trajo alivio. Y que la Fed pueda darse por satisfecha “a mitad del verano (boreal)”, y dar un paso al costado “expectante” como ya lo hizo el Banco de Canadá, tonificó más los ánimos.

En rigor, el fin de la saga podría ocurrir tan pronto como en junio. Vale consignar que Bostic tiene voz pero no vota en 2023. Expresa a un bando, otros procuran una solución más expeditiva. Quien corta el bacalao, Jerome Powell, hablará esta semana. No está claro que tome partido. Pero aun así la última palabra la tendrá la realidad. Los mercados pueden aferrarse a los dichos de la Fed, pero el banco central es data-dependiente. Un halcón como Waller lo expresó sin tapujos. Si los indicadores se moderan apoyará la moción de Bostic. Si no lo hacen, abogará por levantar la tasa terminal más allá del 5,25%.

Todos coinciden en lo esencial: a la inflación hay que doblegarla hasta llevarla a 2%. Que los indicadores se calmen en febrero puede parecer el mismo azar que arrojar una moneda al aire. Los chances de que lo hagan a medida que el tiempo pasa son crecientes dado el celo oficial, el tenor restrictivo de la política monetaria y su credibilidad. Ya no estamos en 2022, cuando se arrancaba de cero y con inusitada tardanza tras el sprint de los precios. Ese es el mensaje de Bostic.

La inflación no cayó todavía en el redil, pero con cada suba de tasa se le cierra el cerco. Quizás no alcancen dos, pero tampoco se deberían precisar muchas más. Luego, mantener la tasa terminal – en 5,50% pide Bullard; 5,75% arriesga Thomas Barkin -completará la cocción. Pero a la vez mitigará el riesgo de provocar un accidente por una sobrerreacción. Los inversores (en bonos y acciones) compran la idea. Por lo menos hasta que la realidad no la desmienta.

 

Fuente Ámbito